Como Jordi Pujol en brazos


¿Cuatro años han necesitado para hacer esta senténcia? Deberíamos estar todos muy preocupados ante semejante banda de tyranosaurus judiciales. Pero no, como viene siendo habitual la preocupación en Catalunya gira alrededor de otro centro de gravedad.

La misma tarde en que se dictó (que horror de término!) senténcia, Josep Ramoneda en su espacio telegráfico al final del programa radiofónico Hora 25, venía a decir que tocar el término ‘nación’ en un Estatuto era un error porque hay quien considera este aspecto como importante. Lo es y mucho para mucha gente que considera a Catalunya como su nación.

El cacao empezó 12h después de la emisión del fallo: el discurso contra la senténcia de practicamente todos los partidos que la rechazaban, giraba alrededor de lo que el Consitucional había dictado sobre el término ‘nación’… y ahí sigue, o al menos seguía esta mañana cuando escuchaba Catalunya Ràdio. Como un mantra que se repite y repite. Esto ha sido la excúsa del sector independentista, si es que visto lo visto necesitaban alguna, para machacar con el dogma de la independencia.

El discurso sobre el problema identitario es un agujero negro que se lo traga todo: ni una palabra de los otros aspectos sobre los que el TC ha dictado senténcia, ni de que, aún recortado, el Estatut marca la vía federal al reconocerse la bilateralidad y exclusividad de muchas competéncias, tampoco se habla ya (o se habla menos) del caso Millet y la supuesta financiación ilegal de Convergència Democràtica, del caso Pretória… y todo porque el Tribunal Constitucional ha dicho que el término ‘nación’ no tiene sentido jurídico pero mantiene su sentido simbólico. Se obvia que, precisamente, por estar en el ‘Preámbulo’ no tenía ya ningún sentido jurídico, únicamente simbólico. Este punto, y sólo este, es el que mueve todas las reacciones contra la senténcia. Si buscamos otras reacciones sobre los cambios efectuados al llamado ‘Esfuerzo fiscal’ o la negativa a la descentralización de la justícia encontramos un desierto.

Precisamente la descentralización de la justícia, que no del código penal, que pretendía abrir el Estatut convirtiendo al TSJ de Cataluña como última instáncia en los casos únicamente catalanes, sí hubiese tenido una repercusión considerable para acabar con el endémico colapso de la justícia. Pero de esto no se habla, aún cuando el corporativismo en este precepto es escandaloso y deberíamos condenarlo todos los demócratas.

Así que Òmnium Cultural convoca una manifestación y la hace girar alrededor de una pancarta que sólo habla de sentimientos ‘Som una nació, nosaltres decidim’, o sea: no ‘ser de esa nación’ te deja fuera. No importa nada más. Podría haber sido una senyera que aunara a todos los ciudadanos, podría haber sido un lema que denunciara que un tribunal ha tocado un texto legislativo aprobado en referéndum… Òmnium cultural no podía dejar pasar semejante oportunidad, aún sabiendo que ese lema dejará a muchos catalanes en casa viendo el partido por el 3r y 4o puesto del Mundial de Sudáfrica.

Es parte de nuestra heréncia como país, es esa eterna división entre catalanes buenos y malos, los que sienten “ben endins” la pátria catalana como la única auténtica y los que no, dando igual que la sientan más o menos. Es la manera de hacer de Jordi Pujol cuyo fantasma sigue más vigente que el de Aznar para España. Ahora ‘no toca’ hablar de federalismo, o sobre cómo afectará este recorte injusto a la ciudadanía de Catalunya. Ahora ‘toca’ hablar de la nación. Y lo demás no importa a nadie, ¿verdad?.

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